Comienza un nuevo día

El plátano tiene solo potasio, y la uva, muchas vitaminas. En su interior el plátano aspira a más. Entonces genera una fuente de fibra, que estreñidos humanos agradecen absorber del alimento natural. Muchas personas comienzan a consumir el plátano. Pasan los días, y el plátano gana propiedades, y más personas lo añaden a su cesta. Un mes después la uva posee novecientos consumidores humanos y el plátano cinco mil. Entonces el plátano adquiere caroteno, y setenta y nueve consumidores se pasan a su bando. Únicamente queda una uva, rodeada por los seguidores del plátano, que esperan su victoria proclamada. Transcurren los días y la uva no se ha ido del mercado. El plátano aspira a más en su tienda. Una noche la uva desenvaina lentamente su piel y avanza hacia la tienda del plátano. Entra y lo desenvaina. La aspiración del plátano se evapora abrumado por su sexo. La claridad atraviesa la ventana. Comienza un nuevo día.

 

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No hay trankimazin que lo alivie

Rajoy, con su cabeza bien colocada y mullida sobre la almohada, cierra los ojos pero no duerme. Está esperando el puñetazo proclamado. Y cuando siente que se aproximan los nudillos del chaval a su cara, simula en su mente que en tres ovejas oníricas más, el trankimazin le habrá  hecho efecto y empezará a ahondar dentro un sueño casi e idílicamente profundo. En el fondo lo sabe. El puñetazo no duele. Duele ser presidente en funciones. Y eso, no hay trankimazin que lo alivie.

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