Happy birthday to me

Me reciben las calles desconocidas y me recibe la gente nueva, con ansias por vivir. Me reciben las ganas de experimentar y desgarrar mi alma oculta entre las remotas cavernas de mi ser. Y, entre tanto, la tarde empieza con esa luz usada y pálida que deja entrever mis sueños entre el polvo que levantan las suelas de mis zapatos. Cuando la luz caiga será mi cumpleaños. Happy birthday to me.

 

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Hay cuerpos…

 

Hay cuerpos que son como armas. Creedme. Hablo de aquellos —sin alma— que os desgarran la carne hasta dejarse entrever la pálida fascia que separan vuestros tejidos sonrojados. Hay cuerpos que son como armas. Creedme. Te intoxican el cerebro hasta atormentar vuestros pensamientos. Estos vuelan inocentes hasta ser apresados y analizados sobre la mullida almohada. Entre tanto, la luna es clara y limpia. El cielo no llora. La primavera es. Hay cuerpos que son como armas. Creedme. Os desfloran de tal modo que no vuelve esa forma pura y virgen de vosotras mismas. —Y no hablo del himen, pero también. —Hay cuerpos que son como armas. Creedme. Se sellan en la memoria y arrancan con sus garras y cuchillas las costras de vuestras heridas.

 

Los cuerpos arden con el fuego,

 

Adiós cuerpo, adiós.

 

Pero su memoria nada por siempre en vuestros pensamientos.

 

Y cuando despertáis, con la cabeza sobre la almohada, ya sois otra versión de vosotras mismas.

 

 

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Hay cuerpos que son como armas.

Eran negras…

Eran negras las sombras de los barquitos y blanca el alma del náufrago.

Azules son, ahora y siempre, las ondas del mar.

Rojos, los reflejos de un sol atormentado bajo las  pícaras nubes del atardecer.

Amarillos, los rayos latentes y casi lejanos de la esperanza. Luz solar, escondida casi ya, bajo el color de la tierra y del barro.

Eran negras las sombras de las montañas del horizonte y blanca el alma del náufrago.

 

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