Llovió a cántaros 

 

La mirada interior:

sol púrpura

bosques de hojalata,

viento de agua,

pájaros que sueñan volar.

 

Abrí los ojos,

los lancé hasta el cielo,

y atravesé nubes de algodón de azúcar.

 

No había nadie.

Sólo el páramo: cactus, rocas, tierra.

No cantaba el pájaro,

la brisa no corría,

los senderos eran ríos secos,

y el aire polvo de estrellas.

 

Volví a cerrar los ojos.

Llovió a cántaros.

 

-Beatriz Alonso Cabaleiro, Galicia, enero 2018.

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Eran negras…

Eran negras las sombras de los barquitos y blanca el alma del náufrago.

Azules son, ahora y siempre, las ondas del mar.

Rojos, los reflejos de un sol atormentado bajo las  pícaras nubes del atardecer.

Amarillos, los rayos latentes y casi lejanos de la esperanza. Luz solar, escondida casi ya, bajo el color de la tierra y del barro.

Eran negras las sombras de las montañas del horizonte y blanca el alma del náufrago.

 

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