Pues la vida yo idealizo

 

Dame, vida, una ducha de agua fría,
tu persistente desazón,
para acabar con el vacío,
oh, mundo raro,
oh, mundo oculto,
que la vida va en serio.

Arde, mi pecho, arde sin llamas,
apagado y hambriento de amor,
ceniza que aviva,
el desierto que en mí, habita.

Arde en la soledad que nos deshace,
el mundo me parecía pequeño,
de vivaces raíces y sin fronteras.

La distancia no se dibujaba con nuestras pisadas.

Pues nunca quise ver atrás.

Arde, arde el ansia de recorrer caminos por tu piel,
cuerpo que me enloquece,
lo devoraré como la mantis religiosa a su pareja,

Y engendraré rabia y dolor entre el vacío de tus huesos,
Se alimentarán de falsas ilusiones como la sarcástica lotería de tu amor.
Entre mis huesos frágiles, arde;
arde el ansia de creer que la distancia es una ilusión,
Una idea pura;

Pues la vida yo idealizo.

Arde, arde el seco tic-tac del reloj,
y entre tanto, las agujas bailan exaltadas en el limbo del tiempo y la muerte;
arde, con ansia arde,  el recuerdo de aquella fogata en la playa
arde, con ansia arde, la idea de ti misma, aquel ardor sin llama,
Aquella incertidumbre en tus pupilas,

Y la sed de los besos

Que ya no me dabas.

 

Y la vida va en serio,
oh, mundo raro,

oh, mundo oculto,
¿Cuánto todavía queda por aprender de ti?

Prometo caerme y siempre levantarme.

Pues la vida yo idealizo.

 

La noche era calurosa y el cielo estaba cubierto de nubes

 

Amanda se levantó de la cama sobresaltada al escuchar a alguien forzar el pomo de la puerta principal de la casa. Encendió la luz de la sala, miró cautelosamente a través de la ventana de cristal  y salió con precipitación.

-¡Lynete! ¿Qué diablos estás haciendo?

La noche era calurosa y el cielo estaba cubierto de nubes. Su amiga estaba ebria. Allí, estática. Enfadada con los astros. No había nada más que decir. Su novio la había dejado y estaba despechada. El gato de Amanda apareció entre los pies de Lynete camuflado entre la oscuridad. Este se abrió paso altivo y menando su lacia cola.  La joven del pomo de la puerta se abrió paso a continuación. Abrió el grifo de la cocina con tal ferocidad que lo rompió. “¡Tengo muchísima sed, colega! ¿Qué pasa en tu casa… no tenéis agua de grifo o qué coño pasa?”. La chica que dormía apacible en su cama lo cerró con una calma que incitaba a entender que sobrellevaba la situación. “¡En serio! ¡Y aún lo cierras para matarme de sed! ¡Qué angustia la mía!”.  Las gotas caían. Goteaban al ritmo de un reloj de cuco. No hay manera de arreglarlo. “Joder mi vida es un asco, ¡ni calmar mi sed puedo!” Entre tanto, el gato maúlla porque tiene hambre. Lynete abrió  la nevera y comenzó a zampar todo lo que sus ojos veían. Huevos cocidos, las sobras de la taquería, el Gouda que llevaba dos semanas en la despensa… Las gotas del grifo caían aquella noche de sábado. Entre tanto, la luna atisbaba atrevida, blanca y pálida. La noche era calurosa y el cielo estaba cubierto de nubes.

El gato, una vez saciado, volvió a salir a la calle, caminando con cuidado y elegancia como si no quisiera ser un mero espectador de aquella mediocridad humana. Lynete se durmió en el sofá insto-facto. “Clap-clap-clap”, decía el fregadero con sus gotas al caer. Amanda tapó a su amiga con una manta. El olor a rancio y alcohol entraron por sus vías respiratorias. Sin embargo, inhaló la felicidad de poder compartir su casa, su hogar, su espacio… con alguien. La soledad la atormentaba como un fantasma que se reía de su propio fracaso de familia americana perfecta: el gato, su mujer, su hija, dos coches, una casa, un buen trabajo. Pero todo a la mierda. Se agazapó sobre la ventana y observó la luna medio encapotada por las nubes. Se tumbó sobre la cama, se puso su antifaz  se echó a dormir.

 

Happy Pride! (2/2)

Más letreros sobre Orlando. La sociedad humana es un disparate. Mi cuero cabelludo empieza a engendrar calor, y la piel de la raya del cabello comienza a enrojecerse. Además es mediodía; la necesidad de ir a la sombra es intensa. Sin embargo, no quiero perderme el desfile ni por un segundo. Los deseos podían esperar. Drag queens desfilando. Los trenes eléctricos con banderas. Apple, Facebook y sus respectivos trabajadores y amigos se pasean con orgullo ante la excitación del público. Era como oler el éxito y no poder tocarlo.

-¿Cuánto dura la parade?

– No sé. Creo que lleva retraso. Me pareció escucharlo a uno de Staff.

-Si te cansas avisa. Es que me encanta.

Tengo la fuerte impresión de que  María y yo no tenemos nada que ver la una con la otra. Sin embargo no me importa. Y creo que ella siente lo mismo. Esa bella indiferencia. Queríamos compañía. Y ya está. Esta chica, sea quien fuere en España, ha tenido muy mala suerte, y ha decidido evadirse de todos y de todo en San Francisco. “Necesitaba tiempo para mí”, me dijo mientras merendábamos. Ya que cuando te mudas a un nuevo país todo es cuestión de hacer amistades y de explorar barrios y puestos, o así parece ser, decidimos ir directas al recinto a buscar nuevas emociones. Para aquel centenar de personas aquí presentes, bien disfrazadas, o bien vagabundos callejeros cuyo techo son calles meadas de San Francisco, quizás aquello no era tanta novedad como para nosotras. O quizás sí.

-Me daría vergüenza ir así vestida.

-¿Así como?

-Pues como van muchas chicas aquí. Con el torso desnudo. En bragas. O yo que sé.

-Yo iría. ¿Quién te conoce aquí?

María se rió.

-Ya. Tienes razón.

¿Por qué o para qué preocuparse? ¿Por qué tanta necesidad de temer al qué dirán? Y es ahora cuando un hombre totalmente desnudo se cruza en nuestro camino. ¿Ha sido aquel hombre uno muy reprimido alguna vez en su vida? Sus ojos brillan de felicidad. “Happy Pride!”, nos dice al cruzarse. Como mucha otra gente. Feliz orgullo por aquí, feliz orgullo por allá. Sonido de una púa al agitar las cuerdas de una guitarra eléctrica. Empieza el primer concierto.

-Este rock es muy lento.

-A mí me gusta.

-Vamos al otro escenario. Ayer estaba guay.

-Como quieras. Pero este me gusta.

 

Fuimos al otro escenario cuyos anfitriones eran la comunidad latina. La calidad del escenario era mediocre. Al igual que el equipo de música y el deejay. Este último por supuesto. Aunque le ponía empeño y a la gente parecía gustarle.

-No mola.

-Espera, seguro que se pone interesante.

Pero las chicas bailan regueaton. Los chicos observan. Casi nadie bebe alcohol comprado del recinto. Más bien petacas escondidas en algún bolsillo o bolso. Me pregunto cómo consiguieron pasarlas por el control. Parece que nos hemos teletransportado a otro país directamente. Hay algún que otro norteamericano con la barriga al aire bailando y sonriendo ante aquel espectáculo placentero que les proporciona ver a las chicas dar vueltas liberadas o moviendo seductoramente sus caderas. ¡Qué bonito sería ver a todos mezclados y no tanto separatismo! Sin embargo, he de admitir que allí me aburría.

-Esta música no es para mí.

Okay, volvamos.

La sed  nos arrastra hasta el puesto de cerveza. Cuando mi pasaporte cae sobre las manos del empleado, este muestra cara de desconcierto.

Here– le indico.

-No te preocupes. Es que se asustan al ver el pasaporte. No lo entienden. Yo enseño mi carnet de conducir de California.

-Ah. Vale, guay. Cuando me examine haré lo mismo.

Cerveza artesana IPA en mano. Alegría, alegría. Muchas chicas de la comunidad gay sentadas en el césped bebiendo, charlando o bien tomando el sol. A mano derecha el escenario con música en directo y de calidad. Hay muchas interesantes. Y guapas. Para qué negarlo. Banderas y más banderas de arco iris. ¡El sueño de cualquier gay!

Happy Pride!

Happy Pride!

Y brindamos.

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